A la française – Jaime Novales (3º ESO)

La ópera fue maravillosa. Los actores, sublimes. La representación no pudo ser más perfecta. Nunca voy solo, siempre me rodeo de gente con la que compartir tan elevado entretenimiento. Ni una palabra durante la representación. Solo al final, cuando el telón, como una cascada sonrojada, se ha abatido sobre el escenario, nuestros corazones comparten tan estupendo divertimento vertiendo las palabras.

El lunes pasado me acompañó Martina; mi alter ego. Martina es… indescriptible. Y, en el último instante, se sumó a nuestra fraternal compañía Cosme. Cosme, cosmopolita. Cosme, intelectual. Cosme, divertido. Cosme, amigo. A la salida del salón de representaciones, me retraso, sin querer. Y, cuando llego a la puerta de entrada al teatro, oscura y revoloteadora lluvia de otoño. Martina y Cosme se han ido. Sin despedirse, à la française, decimos. La ópera les ha permitido esa complicidad.

Lluvia de otoño sobre mi smoking. Busco algún taxi. No tengo éxito. Sin éxito, sin paraguas, sin compañía, empiezo a caminar a casa. Y es que, con el mal tiempo, me doy cuenta de que las amistades son tan escasas como los taxis.

Comas – Miguel Janer (3º ESO)

Salí corriendo por la puerta de casa que daba al jardín. Mi amigo Juan me lanzó la pelota desde la ventana. Sin quererlo, perdí el equilibrio.

Cuando me desperté, abrí los ojos y me di cuenta de que estaba en una habitación; escuché una puerta cerrándose. Tenía las manos levantadas y atadas a una cañería que recorría, paralela al techo, la habitación. Conteniendo los nervios, intenté respirar pausadamente, sin éxito.

A punto estaba de despegar la tela que me cubría la boca y parte de la nariz, rozando la cara contra la pared, cuando la puerta se abrió de repente. Un hombre, de aspecto alemán, me dio una patada en la cabeza y todo volvió a nublarse.

Abrí los ojos y vi a un hombre, con bata blanca, que gritaba “¡Venid! ¡Se ha despertado!”

Entonces fue cuando le pregunté:

– “¿Cuánto tiempo llevo dormido? “

Él me contestó:

– “17 años“

Noté una agitación interior. Después, exterior: todo se movía. Y me desperté. Juan me dijo:

– “¡Vaya golpe que te has dado, tío torpe! Venga, que te tiro de nuevo la pelota”

Amistades de un piloto – Ricardo Ayala (3º ESO)

Antoine tiene 10 años.  Antoine se ha mudado de casa, de ciudad y de país, y ha perdido a todos sus amigos. Antoine quiere ser aviador pero, por ahora, ha empezado las clases en su nuevo colegio. No le va muy bien: no ha conseguido hacer ningún amigo en los tres meses que lleva de curso. Quizá lo contrario: hay uno que le persigue e, incluso, en medio de una pelea, le ha mordido. Pero Antoine calla. No se lo ha dicho a nadie. Un día, cerca de casa, Antoine se lo encuentra, tirado en la calle, aturdido y sangrando. En lugar de dejarlo ahí tirado, lo recoge, se lo lleva a su casa y le cura las heridas. A partir de ese momento, la amistad entre Antoine y este perro callejero fue muy buena. Pero lo que Antoine no sabe es que un niño no puede ser amigo de un perro. Ni de un zorro. Por mucho que el Principito diga lo contrario.